sábado, 9 de abril de 2011

HACIA DONDE VAMOS??


Foto tomada de Eltiempo.com

Tomado de ElEspectador.com

Deuda externa de Colombia llega a los US$ 64.837 millones en 2010.

Las obligaciones del Gobierno superan los 39.321 millones de dólares, precisa informe.
Con un crecimiento de 20,6%, la deuda externa del país ascendió a los 64.837 millones de dólares al finalizar el año pasado, informó el Banco de la República.
Este comportamiento de las obligaciones del Gobierno y del sector privado equivale al 22,6% como porcentaje del producto interno bruto (pib).  De un año a otro la deuda externa se expandió 11.118 millones de dólares.
El informe del Banco Central indica que la deuda externa del Gobierno en 2010 terminó en 39.321 millones de dólares, cuando un año atrás había sido de 37.129 millones de dólares que significa un crecimiento de 5,9% y representa el 13,7% del Pib.
En enero del año pasado, la deuda externa del Gobierno era de 37.131 millones de dólares, lo que significa que entre enero y diciembre de 2010, las obligaciones crecieron en 2.190 millones de dólares que equivale a aumentar un 5,89%. Las obligaciones de corto plazo suman 770 millones de dólares y las de largo plazo ascienden a 38.551 millones de dólares, precisa el informe del Banco de la República.
La deuda total del sector privado colombiano en 2010 se elevó hasta los 25.516 millones de dólares, desde los 16.590 millones de finales de 2009; este comportamiento indica que los empresarios colombianos registraron un endeudamiento que creció 53,8%.

El genocidio al Movimiento Gaitanista

El exterminio premeditado, masivo y sistemático por parte del Estado de los miembros del Movimiento Gaitanista en las décadas de los 40 y 50, y el magnicidio de su máximo dirigente, Jorge Eliécer Gaitán, constituyen, sin duda alguna, uno de los casos más documentados y dramáticos del genocidio político en la historia de Colombia, lo que no ha sido óbice para que deliberadamente la historia oficial lo haya desconocido y tergiversado.
Oficialmente se dice que la llamada Violencia, con mayúscula, fue una mera prolongación de las guerras civiles entre liberales y conservadores del siglo XIX, y nunca se menciona la persecución dirigida principalmente contra el Movimiento Gaitanista con el propósito de eliminar la inminente llegada al poder del proyecto de transformación democrática liderado por Gaitán.
Un proyecto político que Gaitán empezó a plasmar desde su juventud, cuando escribió su tesis de grado Las ideas socialistas en Colombia, complementándola con la presentación de su tesis de doctorado en Roma sobre el Criterio positivo de la premeditación en el delito, que revelan cómo Gaitán estructuraba su pensamiento a través de una formación filosófica y científica.
A su regreso de Roma en 1927, en plena Hegemonía Conservadora, Gaitán adhiere al Partido Liberal, fue elegido parlamentario y asume la defensa política de las víctimas de la Masacre de las Bananeras.
En 1930, Enrique Olaya Herrera, del Partido Liberal, es elegido presidente e incorpora a Gaitán en la comisión para redactar el proyecto de ley de reforma agraria. Pero las directivas del Partido Liberal optaron por preservar los intereses de los terratenientes que se habían apoderado de los baldíos colonizados por los campesinos, lo cual motivó su retiro del partido, afirmando:
“Mientras no existan leyes que eliminen la explotación latifundista y procuren la repartición de la tierra y permitan que cada hombre bajo el sol tenga un pedazo de ella; mientras no nos rebelemos audazmente contra el sistema individualista, que se basa en la explotación de los más por los menos, para reemplazarlo por la norma socialista que busca la equidad y garantiza que uno goce de aquello que es producto de su trabajo, todas las medidas que se adopten sólo tendrán ventajas para los especuladores, para los más hábiles y menos laboriosos; sólo traerán miseria y pobreza, hambre y dolor para la gran mayoría de nuestro pueblo”.
En 1933 ingresa a la ya existente Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), fundada en defensa de la lucha por la tierra emprendida por colonos del Sumapaz.
Sin embargo, Gaitán pronto entendió que un cambio de sistema no era posible desde un “tercer partido”. Al respecto, afirmó: “Nuestras masas en lo político no tienen un sentido distinto del fonético: el ¡Viva al Partido Conservador! o ¡Viva al Partido Liberal! Pero llame usted a gentes de medianas nociones y trate de indagar la diferencia de ideas que para ellas significa la diversidad del grito. No será mucho lo que haya de lograr...”.
Es a causa de estos llamados “quistes psicológicos”, propios de la cultura, que en 1935 Gaitán regresa al Partido Liberal con el propósito de convocar al pueblo de todos los partidos bajo la bandera de las ideas socialistas, buscando convertir al Partido Liberal en el Partido del Pueblo.
Esa nueva corriente orientada hacia “la restauración Moral y democrática de la república” dio origen al Movimiento Gaitanista, con una plataforma ideológica independiente y diferente a la del liberalismo oficial, con una militancia que se nutría tanto de liberales, como de conservadores, socialistas, comunistas y sin filiación partidista; con un cuerpo ideológico y doctrinario propio y con una estructura organizativa autónoma, de alcance nacional, que tenía como meta instaurar una democracia directa. Contaba entonces con una Dirección Nacional Liberal Gaitanista, con sede propia, situada en la calle 14 con carrera 7ª en Bogotá y con un órgano periodístico llamado Jornada, como vocero oficial del movimiento.
El Movimiento Gaitanista creció, proyectándose como una clara amenaza, no sólo para el oficialismo liberal, sino para el establecimiento. Tanto así que para las elecciones presidenciales de 1946, los dirigentes oficialistas de los dos partidos se unieron para enfrentar a Gaitán. El gobierno liberal de Alberto Lleras Camargo alentó a los dirigentes del Partido Conservador y a los liberales oficialistas, partidarios del candidato Gabriel Turbay, a frenar la llegada de Gaitán al poder, como lo relató José María Villarreal, en entrevista con los historiadores Rocío Londoño y Medófilo Medina: “… En conversación con Álvaro Gómez Hurtado y Jorge Leiva, me pidieron que yo fuera la persona que les ayudara a organizar el conservatismo de Soatá (Boyacá) para que volvieran a votar, que el presidente Lleras daba todas las garantías… Lleras Camargo reforzó las garantías diciendo que si tenía que echar una bomba de dinamita sobre Soatá para que dejaran votar a los conservadores, lo haría. Al fin pudimos votar y ganamos, como era previsto”.
Este propósito se convirtió en el comienzo de la persecución y asesinato sistemático de los seguidores del proyecto político de Gaitán.
En 1946, la represión se extendió y se agudizó con el triunfo de Mariano Ospina Pérez, quien conformó un grupo de policía departamental popularmente llamada “chulavita”, por ser conformada inicialmente por personas provenientes de la vereda de Chulavita en Boyacá. Su tarea era asesinar campesinos simpatizantes de Gaitán con el fin de mantener la división partidista y azuzar el enfrentamiento y el odio entre el pueblo, hechos que fueron recopilados e investigados por Gaitán, como se demuestra en los informes que acompañaron sus denuncias oficiales que se conservan en el Archivo Gaitán.
Ya para entonces, el Movimiento Gaitanista se imponía frente al oficialismo liberal, logrando una mayoría indiscutible en las votaciones de 1947 para el Congreso, las asambleas y los concejos.
Los oficialistas se vieron en la obligación de entregarle a Gaitán, el 24 de octubre del mismo año, la jefatura única del Partido Liberal, convirtiendo la Plataforma del Colón —la plataforma ideológica del Movimiento Gaitanista— en los estatutos oficiales del partido, donde se establece como primera medida que “El Partido Liberal de Colombia es el Partido del Pueblo”.
La persecución oficial contra el gaitanismo avanzó con tanta furia que Gaitán le dirigió al presidente Ospina varios memoriales de agravios, enumerando con nombres propios, lugares y hechos concretos las masacres y asesinatos que se cometían a lo largo y ancho del país contra sus seguidores.
Sin respuesta a sus denuncias, Gaitán convoca una gran manifestación, el 7 de febrero de 1948, llamada la Marcha del Silencio. En Bogotá, una ciudad de 500 mil habitantes, se conglomeraron 300 mil personas de todos los rincones de Colombia, guardando absoluto silencio y agitando banderas negras, con el propósito de exigirle al gobierno que cesara la Violencia. En su Oración por la Paz, Gaitán señala directamente como responsable al propio presidente Ospina y a su gobierno.
Sesenta días después, Jorge Eliécer Gaitán es asesinado en pleno centro de Bogotá, como parte integral e indisoluble del genocidio al Movimiento Gaitanista, que a partir de ese momento se extendió con más intensidad. Ya sin Gaitán, el Partido Liberal volvió a manos de los aliados del gobierno conservador, desamparando al pueblo gaitanista perseguido.
Para defender sus vidas, los militantes gaitanistas tuvieron que internarse en el monte y así se dio, con el tiempo y las circunstancias, inicio a la lucha guerrillera que no ha tenido solución hasta hoy.
No existe una estadística exacta de la cantidad de víctimas que produjo esa dolorosa etapa de la historia nacional, aun cuando muchos historiadores hablan de 300 mil muertos, sin mencionar el sinnúmero de desplazados y despojados. Esto representa el 2,5% de la población colombiana que para ese entonces era de 12,5 millones de habitantes (1), lo cual hoy equivaldría a 1,1 millón de colombianos y colombianas asesinados.
Con el ascenso al poder de las élites liberales y conservadoras, bajo el Frente Nacional, se optó por el perdón y el olvido, dejando semejante monstruosidad en completa impunidad jurídica e histórica hasta nuestros días.
A los grandes héroes no sólo los asesinan físicamente sino que distorsionan su legado político para acabar también con la razón de su existencia. Forma parte de la autoría intelectual del crimen. El genocidio no termina con la eliminación física de sus víctimas, sino que se prolonga con el aniquilamiento de la memoria de las luchas populares. Así que mientras no se asuma con seriedad esta etapa del genocidio en Colombia, seguirá siendo mutilada la verdad histórica haciendo reinar la impunidad y la tergiversación de los hechos en favor de los victimarios.
Las 1.000 muertes de Gaitán
Este sábado el performance “Las 1.000 muertes de Gaitán” se volverá a tomar Transmilenio. El propósito es continuar con el homenaje que desde ayer se les viene haciendo a algunos líderes políticos que han sido asesinados defendiendo sus ideales, como José María Córdoba, Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro y Jaime Garzón.
La intervención artística retoma el asesinato del caudillo, cometido por Juan Roa Sierra, que terminó desencadenando El Bogotazo, para ponerlo en escena en las estaciones periféricas a la Localidad de Puente Aranda como la CAD, Comuneros, Sena, Carrera 32 y Carrera 53 A.
Los bogotanos podrán disfrutar de esta puesta en escena de 10 a 11 de la mañana.
El día en que cayó un líder
Si a la hora del almuerzo del 9 de abril de 1948 Jorge Eliécer Gaitán no hubiera recibió a la muerte que le llegó disparada en tres balas, desde el revólver que Juan Roa Sierra apretaba en una mano, su cuerpo no hubiera sido trasladado inmediatamente a la Clínica Central, donde a las 2:05 de la tarde fue declarado muerto.
Esa misma tarde se hubiera tomado un café y cumplido la cita pactada con el estudiante de derecho Fidel Castro, el joven cubano de 21 años que visitaba la ciudad como participante de un congreso latinoamericano de estudiantes, quienes se oponían a la intervención estadounidense en América Latina y también a la Novena Conferencia Panamericana, que por esos días se reunía en la capital, y que dio nacimiento a la OEA.
Bogotá hubiera seguido su ritmo y sus calles no habrían enloquecido bajo los gritos de “¡Mataron a Gaitán!”.
María Valencia Gaitán | elespectador.com
La OTAN asegura que no hay solución militar a la crisis de Libia

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, ha señalado que "no hay solución militar" al conflicto en Libia, que necesita "una solución política". Rasmussen hizo estas declaraciones en una entrevista para el semanario alemán Der Spiegel, que se publicará el lunes.
"¿Se puede ganar esta guerra sin el envío de tropas de tierra?", le pregunta el periodista a Rasmussen, que contesta así: "La respuesta honesta a esta pregunta es que no hay solución militar para este conflicto. Necesitamos una solución política, y el pueblo libio debe trabajar en esta dirección. "Sin embargo," añade Rasmussen, "en última instancia será la ONU quien deba ayudar a Libia a encontrar una solución política a esta crisis ".
"La integridad territorial de Libia se debe mantener a toda costa ", subraya el máximo mandatario de la OTAN, organización que en estos momentos se centra "en la aplicación de la resolución 1973" de la ONU con el fin de proteger a los civiles de Libia. "Nos atendremos estrictamente a esa resolución, que es nuestro mandato ", asegura Rasmussen. Preguntado sobre el camino a seguir si el régimen no hacía caso de esos llamados, ha dicho dijo que, aún en ese caso, el operativo militar tiene que limitarse a hacer cumplir la resolución 1973 y velar por el cumplimiento del embargo de armas.
Los aliados, encabezados por Francia, Reino Unido y EE UU -con el apoyo de España-, buscan una solución política de la crisis libia, en la que el consenso es la salida de Gadafi.
Las acusaciones de los rebeldes son "injustas"
Por otra parte, Rassmusen rechazó acusaciones de parte de los rebeldes libios según las cuales la Alianza estaría teniendo demasiadas consideraciones en sus ataques al régimen y estaría traicionando a la resistencia al líder libio, Muamar el Gadafi.
"Eso no es justo. En parte, hemos tenido dificultades con el mal clima, lo que puede haber dado la impresión de que hemos reducido las operaciones. Pero no había otra solución y las cosas han cambiado otra vez. Estamos haciendo tantos bombardeos como al comienzo", dijo Rassmusen.
El dirigente aliado indicó que el hecho de que Gadafi esté escondiendo sus blindados y otro material militar de los ataques de la coalición internacional supone un éxito del operativo, puesto que así no puede usarlos tan fácilmente contra la población civil.
Por otra parte, Rassmusen calificó de una muestra más de la brutalidad del régimen libio el que las tropas de Gadafi estén utilizando a la población como escudos humanos. "Gadafi sabe que queremos y tenemos que hacer todo lo posible para evitar víctimas civiles, y eso es algo que está utilizando", dijo.